Cuando la clonación toma un desvío por el carril de la nostalgia.
¡Hola, amantes del séptimo arte! Cerrad los ojos. Ahora, imaginaos que el DNI que lleváis en vuestro bolsillo ha sido sustituido por una tarjeta de identificación de dinosaurio. ¡No os preocupéis! No os estoy enviando a un laboratorio clandestino, sino al espectacular mundo de Jurassic Park. En este paraíso cinematográfico, las palomitas se mezclan con el estruendo de los T-Rex y el murmullo del público se ve interrumpido por el graznido de un velociraptor curioso.
Por si habéis estado viviendo debajo de una piedra (o, en este caso, de un fósil) durante los últimos 30 años, aquí va un pequeño resumen. Un excéntrico multimillonario, John Hammond, decide que ser rico y tener un bastón con un mosquito atrapado en ámbar no es suficiente. Así que, como cualquier persona en su sano juicio, decide… ¡crear un parque temático lleno de dinosaurios vivos! ¿Qué podría salir mal, verdad?
Un parque temático donde los peluches muerden de verdad.
Steven Spielberg nos sumerge en un viaje que va más allá de las simples criaturas prehistóricas. No es solo una historia de dientes afilados y humanos corriendo para no convertirse en aperitivo. Es una reflexión sobre la ética, la ciencia y, por supuesto, sobre lo genial que es ver un T-Rex destrozando cosas.
No sé vosotros, pero cada vez que veo a esos velociraptores en la cocina, me dan ganas de cerrar todas las puertas de mi casa y revisar debajo de la cama antes de dormir. ¡Y no hablemos del trepidante paseo en Jeep con ese T-Rex en el retrovisor! Si alguna vez te has quejado de los atascos, piensa en lo que sería tener a ese monstruo como compañero de carretera.
La belleza de Jurassic Park radica en su capacidad para mezclar tensión, asombro y una banda sonora que te pone la piel de gallina. John Williams, el compositor, nos regala una melodía que seguramente estés tarareando en tu cabeza ahora mismo.
Así que, queridos cinéfilos, si buscáis aventura, emociones y un poco de ciencia ficción con un toque prehistórico, ¡este es vuestro parque temático! No se requiere tarjeta de identificación de dinosaurio, sólo un buen bol de palomitas y muchas ganas de asombrarte.
¡Hasta la próxima aventura cinematográfica! Y recordad, la vida… encuentra un camino.












